Plan Maestro de Seguridad Hídrica de la cuenca del Río Jáchal: Todo aquello que contribuya a cuidar la vida, merece ser valorado
Por Presbítero Gustavo Vaca
Esta gran herramienta que hoy se propone constituye, sin duda, un paso importante. Como tal, la celebro. Celebro que un grupo de científicos dedique su tiempo, su conocimiento y su experiencia a generar instrumentos que permitan conocer, anticipar y prevenir posibles impactos. Celebro también que Justicia y Paz y el Arzobispado impulsen ante el Gobierno la incorporación de este sistema.
Quizás llegue más de veinte años tarde. Pero precisamente por eso debemos recibirlo como una oportunidad: la oportunidad de aprender de nuestra historia, de fortalecer los controles y, sobre todo, de cuidar mejor aquello que tenemos.
En mi formación como enfermero aprendí que prevenir no significa simplemente reaccionar frente a una enfermedad. Para prevenir, primero es necesario conocer aquello que puede dañar, identificar sus causas, reconocer sus consecuencias y, a partir de ese conocimiento, tomar todas las medidas necesarias para evitar que el daño se produzca.
Por eso, prevenir es un acto profundamente responsable.
Pero la prevención tiene una condición fundamental: debe ser capaz de transformar el conocimiento en decisiones concretas.
Si sabemos que existe un riesgo, lo estudiamos.
Si conocemos sus posibles consecuencias, las evaluamos.
Y si esas consecuencias pueden comprometer la vida, tenemos la responsabilidad de extremar todas las medidas de protección.
Aquí aparece para nosotros una cuestión fundamental: el agua.
El agua no es simplemente un recurso. Es condición de posibilidad de la vida. De ella depende nuestra comunidad, nuestra producción, nuestros animales, nuestros ecosistemas y también las generaciones que todavía no han nacido.
Por eso, cuando hablamos de prevención en relación con el agua, estamos hablando de algo mucho más profundo que de una herramienta técnica. Estamos hablando de una responsabilidad ética.
Toda actividad humana tiene riesgos. Lo sabemos. Una medicación puede tener efectos adversos; una cirugía implica riesgos; transportar mercadería, trabajar en altura o incluso realizar determinadas tareas cotidianas supone asumir algún grado de riesgo.
La vida humana convive con el riesgo.
Pero también sabemos que no todos los riesgos son iguales y que no todos pueden justificarse de la misma manera.
Cuando la primera consecuencia posible de una actividad es afectar una fuente de agua de la que depende la vida de una comunidad y de toda una biodiversidad, la pregunta ética cambia.
Ya no se trata solamente de preguntarnos: “¿Podemos hacerlo?”
Debemos preguntarnos:
¿Es responsable hacerlo aquí?
¿Qué consecuencias podría tener?
¿Podemos garantizar que no comprometeremos el agua?
¿Qué derecho tenemos a poner en riesgo aquello que necesitamos para vivir?
Y aquí aparece otra palabra que considero fundamental: MEMORIA.
Así como nuestro cuerpo tiene memoria y, después de haber enfrentado una enfermedad, conserva anticuerpos que le permiten reconocer aquello que alguna vez lo dañó, también nosotros necesitamos construir una memoria social y comunitaria.
- No para vivir presos del pasado.
- No para alimentar enfrentamientos.
Sino para aprender de lo vivido.
San Juan tiene memoria de los derrames ocurridos en 2015. Esa experiencia forma parte de nuestra historia y no puede ser simplemente archivada como un antecedente administrativo.
Debe ayudarnos a ser mejores.
Debe ayudarnos a exigir mayores controles.
Debe ayudarnos a fortalecer las instituciones.
Debe ayudarnos a aprender.
Y, fundamentalmente, debe ayudarnos a garantizar que aquello que sucedió y que causó daño, especialmente pánico social, no vuelva a repetirse.
Por eso celebro que hoy podamos hablar de ciencia, de monitoreo, de prevención y de controles. Pero justamente porque creemos en estas herramientas, debemos pedir que sean aplicadas con el máximo rigor y que las decisiones públicas estén siempre orientadas a proteger la vida y el agua.
De verdad, para mi no se trata de negar la necesidad de desarrollo, siempre queremos estar mejor.
Pero... No podemos vivir paralizados por el miedo.
No podemos pensar:
“Es solamente un 1%.”
“Es solamente un 0,1%.”
“Es solamente un 0,01%.”
Porque detrás de ese porcentaje no hay solamente una cifra.
Hay agua.
Hay vida.
Hay personas.
Hay animales.
Hay ecosistemas.
Hay generaciones futuras.
Y esa es, en definitiva, una tarea que nos pertenece a todos, por supuesto, cada uno con responsabilidades diferentes. CUIDEMOS EL AGUA, SIEMPRE.



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