Tobías Santana Pérez: “Todo comenzó con una pelota, un sueño y las ganas de jugar”
La historia con el fútbol comenzó, cuando apenas tenía 7 años, en la escuelita del Club Sportivo Peñarol. Con esa edad, quizás no entendía todo lo que significaba este deporte, pero ya sentía algo especial cada vez que entraba a una cancha y tenía una pelota cerca. Tobías Mariano Santana Pérez, tiene 19 años y juega en primera del Club Sportivo Peñarol, el “Bohemio”.
Lo que comenzó como juego de niño, de a poco se fue convirtiendo en una parte fundamental de su vida. Pasaron los años, creció, fue aprendiendo y entendiendo que el fútbol no era solamente correr detrás de una pelota. Era esfuerzo, disciplina, compañerismo, sacrificio, alegrías y también momentos difíciles.

Desde sus comienzos fue construyendo su camino y año a año pudo lograr sus objetivos. Participar en el torneo Regional Juvenil de AFA y debutar en Primera División Provincial. Cada entrenamiento, cada partido y cada experiencia le fueron dejando una enseñanza. Algunas veces las cosas salieron bien y otras no tanto, pero todas esas situaciones fueron formando al jugador y, sobre todo, a la persona que es hoy.
Con el paso del tiempo comenzó a tomar el fútbol cada vez más en serio. Entendió que para conseguir algo hay que trabajar por ello. Que el talento puede ayudar, pero que la constancia, el sacrificio y las ganas de mejorar son fundamentales.
Ese camino también tuvo momentos en los que las cosas no salieron como esperaba. Hubo derrotas, oportunidades que no se dieron, momentos de frustración y situaciones que lo hicieron pensar si realmente valía la pena seguir. Pero siempre encontró una razón para volver a entrenar, volver a intentarlo y seguir adelante.

Ahí apareció una palabra que hoy siente que representa gran parte de su historia: resiliencia.
Aprendió a caer y levantarse. A aceptar que no todo depende de sí, pero que siempre puede decidir cómo reaccionar ante las dificultades. Aprendió que una mala etapa no define toda una carrera y que un partido perdido no significa que el sueño haya terminado.
El fútbol también le enseñó a valorar a las personas que lo acompañan en este camino. Su familia, conformada por su Mamá Andrea, su papá Ignacio y su hermano Juniors, son pilares fundamentales para seguir cada día. Sus amigos, compañeros y entrenadores forman parte de esta historia. Cada palabra de apoyo, cada consejo y cada persona que estuvo presente en los momentos buenos y malos dejó su enseñanza.

Hoy, después de tantos años desde aquella primera escuelita a los 7 años, sigue teniendo la misma ilusión de entrar a una cancha. Tal vez ahora ve el fútbol de una manera diferente, con más responsabilidad y con objetivos más grandes, pero hay algo que no cambia: las ganas de seguir creciendo y de luchar por sus sueños.
Todavía queda muchísimo camino por recorrer, cosas para mejorar, objetivos por alcanzar y sueños por cumplir. Pero nunca se va a olvidar de donde viene.
Porque antes de ser lo que es, fue ese chico de 7 años que simplemente quería jugar al fútbol.
Quizás esa sea una de las partes más importantes de esta historia: todo comenzó con una pelota, un sueño y las ganas de jugar.
Sigue persiguiendo ese sueño, y mientras dispute una pelota dentro de una cancha seguirá dejando todo, como siempre, como cuando inició su historia en el fútbol.
Por Ignacio Santana.



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