Estado de situación de los recursos hídricos subterráneos en el Valle de Tulum

Estado de situación de los recursos hídricos subterráneos en el Valle de Tulum

El Centro de Investigación, Desarrollo e Innovación para la Gestión Integral del Agua en el Árido (CIGIAA), presentó el informe del mes de mayo de 2026. Los profesionales autores son: Patricia Luna, Romina Battistella y Leandro Salvioli.

En sus partes principales, el estudio dice:

El Valle de Tulum, asiento del mayor núcleo poblacional de la provincia de San Juan, aloja el denominado Acuífero Tulum que constituye la principal reserva hídrica subterránea de la provincia.

El Acuífero Tulum históricamente fue descripto como un embalse subterráneo excepcional por su dimensión, calidad de agua y explotabilidad. Sin embargo, los últimos estudios realizados por el INA-CRAS han puesto en evidencia el deterioro progresivo del acuífero resultante de una explotación no sustentable con extracciones por bombeo que superan la recarga que recibe.

Este sistema hídrico subterráneo funciona como un complemento vital del agua superficial en una región de aridez extrema y déficit hídrico. Actualmente el Acuífero Tulum aporta el 50% del agua que se potabiliza en todo el Valle de Tulum, representa la única fuente de agua para la mitad del área cultivada y es un complemento determinante para el 50% restante de la superficie cultivada con riego superficial (CIGIAA, 2026).

Características del Acuífero Tulum

El Acuífero Tulum se desarrolla sobre un relleno sedimentario (gravas, arenas, limos y arcillas) cuyo espesor alcanza los 1000 metros en los departamentos Rawson, Pocito, 9 de Julio, Caucete, 25 de Mayo y Sarmiento, presentando un movimiento predominante del agua subterránea desde el noroeste del valle hacia el sureste.

Este acuífero se divide en dos zonas que se comportan de manera muy diferente: un sector libre, donde el agua se mueve de forma natural, y otro confinado, donde el agua se encuentra atrapada y bajo presión. Figura 1. Los acuíferos libres son depósitos de agua subterránea que no están atrapados bajo presión. Están conectados directamente con los gases de la atmósfera a través de los poros de la tierra. Cuando se perfora un pozo en ellos, el agua sube de forma natural hasta alcanzar su altura real, marcando lo que se conoce como nivel freático.

Por su parte los acuíferos confinados guardan agua bajo mucha presión, encerrada entre capas de sedimentos de baja permeabilidad. Cuando se hace un pozo en ellos, la presión empuja el agua hacia arriba de forma automática. Si esa fuerza interna es superior a la altura del terreno, el agua asciende por encima de la misma sin necesidad de bombeo constituyendo los denominados pozos surgentes.

El sector libre del Acuífero Tulum comprende los departamentos de Rivadavia, Capital, parcialmente los departamentos de Chimbas, Santa Lucía, Rawson y Pocito, y presenta niveles freáticos que pueden llegar a los 100 metros de profundidad.

Descenso del nivel de agua subterránea

El monitoreo de perforaciones realizado por el INA-CRAS en el año 2024 en temporada de baja demanda de extracción de agua subterránea, reveló que el nivel de agua subterránea en el sector libre del acuífero (donde el agua no está bajo presión) cae a un ritmo de 2 metros por año. En tanto, el sector confinado (atrapado a presión) retrocede 1,5 metros anuales.

Estos niveles son incluso más profundos que los observados en la histórica sequía de 1972.

Asimismo, en las zonas donde históricamente el agua subterránea brotaba sola a la superficie gracias a la presión natural (pozos surgentes), se han observado perforaciones donde esa fuerza se ha perdido por completo, alcanzando los mínimos históricos. El descenso sostenido de los niveles freáticos y piezométricos del Acuífero Tulum se origina en la ausencia de una recarga natural significativa, de manera que el acuífero enfrenta por sí solo la demanda de agua subterránea por el bombeo de perforaciones.

Mientras que el sector libre sufre un vaciamiento continuo durante todo el año, la zona confinada intenta equilibrarse recibiendo un aporte lateral desde el acuífero libre. Sin embargo, la presión histórica del sistema se está degradando debido a la extracción incesante mediante perforaciones.

La situación descripta ha derivado en consecuencias tales como: casos de obsolescencia de infraestructura y subsidencia. La obsolescencia de infraestructura, observada en los departamentos Capital, Rivadavia, Santa Lucía y Pocito, se asocia al descenso sostenido de los niveles de agua que ha provocado que muchos pozos se sequen, obligando a particulares y empresas a realizar costosas obras de reperforación y rediseño de sus captaciones. En cuanto a la subsidencia, corresponde a un hundimiento gradual y permanente del suelo y conlleva una pérdida de almacenamiento irreversible del acuífero. Tal fenómeno se ha verificado en una zona del departamento Pocito, con hundimiento del terreno de 2 metros. Al extraer en forma continua más agua de la que ingresa al acuífero, este pierde su presión interna debido a la pérdida del sustento líquido que contrarresta el peso del terreno, lo que hace que su estructura de sedimentos se comprima y deforme. Cuando este "esqueleto" subterráneo se aplasta, pierde parte de su capacidad de volver a almacenar agua. En consecuencia, el impacto de esta subsidencia establecerá en algunas zonas, un límite a la efectividad de un plan de recarga gestionada, si se decidiera aplicar en el futuro.

Al respecto de las posibilidades de recuperación del Acuífero Tulum, el mismo ha probado tener una gran capacidad de respuesta en el periodo de un año, ante la disponibilidad de una recarga de magnitud. Tal es el caso de ascensos promedio de 10 m de los niveles freáticos (en el sector libre) y de 4 m de los niveles piezométricos (en el sector con confinamiento), registrados en el año 1973 en ocasión del derrame extraordinario del Río San Juan de 3196 hm3 en el año 1972 – 1973, en ausencia de embalses que lo regularan.

Desmejoramiento de la calidad del agua subterránea

Centrar la atención en la calidad del agua subterránea del Acuífero Tulum es de vital importancia ya que, como se ha mencionado, constituye un recurso indispensable como complemento en el abastecimiento de agua para consumo humano, agrícola e industrial.

El Acuífero Tulum tiene naturalmente características químicas del agua subterránea en función de su principal fuente de recarga natural correspondiente al Río San Juan.

La calidad del agua subterránea no es la misma en todo el Valle de Tulum. En Chimbas, que es la zona de recarga, el agua mantiene las mismas propiedades que el Río San Juan. Pero a medida que el agua subterránea fluye hacia el sur y los límites de la cuenca, se va salinizando de forma progresiva. En el departamento 25 de Mayo ya se registra un aumento importante de sales, un fenómeno que llega a su extremo en El Encón, donde el agua subterránea presenta los niveles más altos de salinidad.

Sin embargo, según estudios realizados durante el año 2024 por el INA-CRAS, hay evidencias de un aumento de la salinización en pozos profundos originalmente de buena calidad de agua.

Tal es el caso de zonas cercanas al límite entre el acuífero libre y confinado, en el departamento Pocito, donde un bombeo creciente del acuífero profundo de buena calidad, ha provocado que agua subterránea de menor profundidad y menor calidad se infiltre y aumente la salinidad del acuífero profundo.

Por otra parte, en el monitoreo del año 2025 realizado por el INA-CRAS, se ha detectado una tendencia a la sodificación del agua subterránea que da lugar a valores altos de RAS (Relación de Adsorción de Sodio). Al no ingresar agua nueva al acuífero, el agua subterránea existente absorbe demasiado sodio del suelo. Esto cambia su composición química y la transforma en un riesgo para la agricultura, ya que modifica la estructura del suelo. Para evitar pérdidas en la agricultura es imperativo continuar el monitoreo anual y gestionar urgentemente la recuperación del

acuífero.

Asimismo, en el estudio de la calidad del agua subterránea, el monitoreo del nitrato ocupa un lugar principal, ya que permite detectar si la calidad está siendo afectada por la actividad humana en zonas urbanas y en zonas cultivadas.

Aunque el nitrato aparece de forma natural en el agua subterránea en valores bajos (menos de 10 mg/l), cualquier cifra superior es una señal clara de contaminación humana.

La urgencia actual obliga a incluir al Acuífero Tulum en los planes centrales de manejo del agua, con un objetivo claro: frenar su deterioro. Para lograrlo, es fundamental poner en marcha un plan que detenga la disminución de los niveles de agua subterránea y reduzca la contaminación que pone en riesgo su calidad. En este sentido se recomiendan las siguientes medidas:

• Realizar un censo de las perforaciones de agua subterránea ubicadas en el Valle de Tulum. Uno de los objetivos es identificar las perforaciones activas para conocer cuánta agua se extrae por año. Este dato será clave para proteger al Acuífero Tulum, identificado como la reserva estratégica más importante frente a la situación proyectada de embalses con escasa reserva.

Suspender en forma precautoria el otorgamiento de nuevos permisos de perforación, hasta conocer cuánta agua subterránea se extrae anualmente por bombeo.

• Asesorar al Departamento de Hidráulica en la fijación de un límite máximo de

extracción de agua subterránea que no afecte negativamente al Acuífero Tulum.

• Poner en marcha un plan de recarga artificial del Acuífero Tulum dejando circular un caudal de agua sobre el cauce del Río San Juan, para reducir los efectos negativos de su sobreexplotación.

• Controlar y penalizar la descarga de efluentes industriales de todo tipo sin tratamiento.

• Impulsar la conexión de los usuarios a la red cloacal disponible y ampliar la cobertura de la misma.

• Continuar con el monitoreo periódico de perforaciones del Acuífero Tulum, a fin de controlar su evolución.

Las medidas propuestas se encuadran en las leyes vigentes y ayudan a cumplir el Código de Aguas de San Juan, especialmente en lo que respecta al cuidado del agua subterránea.

Por último, y a modo de síntesis, se señala:

La situación del acuífero del Valle de Tulum, según los registros técnicos de 2024-2025, verifica un marcado desajuste entre el consumo y la recarga de agua subterránea que exige pasar de una respuesta tardía a un plan anticipado en favor de una Gestión Integral de los Recursos Hídricos (GIRH).

Ante este escenario, resulta necesario aplicar el marco normativo previsto en el Capítulo II: Aguas Subterráneas del Código de Aguas de San Juan, que permitirá garantizar la integridad de esta reserva hídrica estratégica. En este marco, debe realizarse un control riguroso sobre las perforaciones, que incluya el censo de las mismas, la suspensión de nuevos permisos, la vigilancia estricta contra la contaminación por efluentes y adicionalmente la estimación de cupos de extracción.

Solo mediante la aplicación de estas medidas se podrá contener la degradación química y física del acuífero, garantizando la seguridad hídrica de las actividades socio-productivas que presentan una dependencia creciente de este sistema.