Columna Cabot: Solo para recordar trascendentales acontecimientos de nuestra historia

Columna Cabot: Solo para recordar trascendentales acontecimientos de nuestra historia

Foto: Posta de Talacasto - Paso Columna Cabot.

Por: Dr. Elio Balderramo (Parte Final)

El 28 de enero de 1817, parte desde Pismanta la columna del Comandante Juan Manuel Cabot, mirando ya de frente la imponente Cordillera de Los Andes.

Fueron cinco días de descanso y preparativos finales en esas termas, en los que cada uno de los soldados y oficiales se equiparon para la difícil tarea. Cada mochila llevaba variados alimentos entre los que se destacaba el charquicán, alimento compuesto por charqui tostado, molido y amasada con grasa y condimentado con ají picante. Se preparaba agregándole agua caliente y harina de maíz y alcanzaba para ocho días cada ración. Aparte, llevaban las provisiones citadas anteriormente: cocho, galletas, pan, tortas jachalleras y otros. Esa mochila llevaba también vendas y elementos de higiene personal. Todos ellos habían recibido ya la vacuna antivariólica. En las alforjas, chifles con agua, tamangos y otros elementos (el tamango era un calzado rústico, acordonado con tiento, que se hacía con cuero crudo, sobre grande, para ser colocado sobre otro calzado y poder caminar sobre el hielo o la nieve sin sufrir enfriamiento). Por orden de San Martin, la alimentación debía ser suficiente y equilibrada, lo mismo que el abrigo. El cuidado de la tropa era estricto.

Todos montaban mula, los caballos llevaban algo de carga e iban de tiro, se los cuidaba para la guerra. Durante ocho días, avanzaron cruzando cuatro cordilleras, sorteando precipicios, vadeando ríos de deshielo, cuarteando cañones y otras cargas, cuidando no perder el sendero abierto por los barreteros de Hualilan y Gualcamayo y el resto de zapadores que iban adelante. El traidor viento blanco, en oportunidades, les borraba la senda, circunstancia en que el estoicismo profundo de estos bravos hombres les permitía no entrar en desesperación, transmitiendo calma y seguridad a toda la tropa. Así es que llegan al Paso de Guana, 4800 m s. n. m. En ese punto, es que dejan su Patria para entrar en tierra del hermano país. Al noveno día, llegan a Ciénaga de Agua negra, luego, Rio Blanco, San Lorenzo, Agua fría, Valle de los patos, Cañada de los patos, donde arriban el 6 de febrero tras cubrir 103 leguas de esforzada marcha. Al día siguiente, Cabot ordena al capitán Patricio Ceballos, que, acompañado de 100 hombres, tomaran la localidad de Valdivia.

Así ocurre, pero un espía español logra escapar y avisar a las autoridades de Coquimbo. Estas, creyendo que se trataba del grueso de la columna que comandaba San Martin, huyen en dirección a Santiago, pero son interceptados en la localidad de Barraza, donde fugan despavoridos. Este hecho es considerado el primer triunfo de la columna Cabot. El capitán Patricio Ceballos ordena perseguirlos y se los alcanza a tres leguas, en la localidad de Salala. Allí, el ejército español enfrenta a nuestros hombres y sufre una importante derrota. Hecho que ocurre el 12 de febrero de 1817, en coincidencia con el día en que el General San Martin vencía en la batalla de Chacabuco. El comandante Cabot de inmediato informa al Cabildo de San Juan: “En Salala, nuestras tropas dejaron 49 muertos, se tomaron 40 prisioneros entre los que están el coronel Manuel Santa María, su hijo y dos oficiales. Heridos escaparon como 20. Por nuestra parte: Un soldado muerto y tres heridos, cuyo acontecimiento se hace increíble al no conocer que una mano invisible protege nuestra causa”. Ese día, se tomó de los españoles importante cantidad de armas y municiones, además de treinta caballos y cien mulas. El mismo día, Cabot dispone premiar con ascenso a los oficiales Juan Agustín Cano, Juan José Ruiz, Sinforoso Navarro, José María Morales y Pedro Regalado Cortines en reconocimiento “al entusiasmo y bravura con que se han portado en esta acción”.

El 15 de febrero, en solemne acto, pone en posesión de Coquimbo a su verdadero gobernador Manuel Antonio Iribarren, para júbilo y alegría de la población. Al día siguiente, se realizó solemne tedeum en acción de gracias al que asistió toda la oficialidad y tropa de la columna.

El 25 de febrero el cabildo de San Juan tiene conocimiento del triunfo de Salala y de inmediato dirige oficio al Gobernador De la Rosa: “Nos es satisfactorio que ya se esparza la fama de los valientes de Salala. El cabildo conservará el documento de la energía y patriotismo de sus conciudadanos como uno de los principales que honran su archivo, y en tiempo oportuno manifestará cuánto aprecia a estos hijos beneméritos que dan lustre al suelo que nacieron”.

Firman el documento el cabildo en pleno: José Navarro, José Cano, José Antonio Sánchez y José Santiago Garramuño.

El 20 de febrero llegaron a Jáchal dos oficios en los cuales el teniente Gobernador De la Rosa comunicaba a la población los importantes triunfos de Chacabuco y Salala por parte de San Martin y Cabot. En parte de esta notificación se lee: “Haga Ud. publicar a esa benemérita villa para satisfacción de sus dignos habitantes que han tenido mucha parte en la empresa, disponiendo cuanta celebración sea posible en obsequio a los continuos triunfos que por cuantos puntos han pisado nuestras tropas han obtenido. Dios guarde a Ud. muchos años. Tte. Gobernador José Ignacio de la Rosa”.

Al mes siguiente, el 21 de marzo, Juan Cabot ordena a la oficialidad y tropa regresar a San Juan.

Así, después de más de tres meses de ausencia, nuestros milicianos regresan a sus hogares para alegría de sus seres queridos en medio del júbilo y repicar de campanas. El 24, autoridades e iglesia de San José de Jáchal celebran un solemne tedeum con la presencia de todo el pueblo, en homenaje a los valientes soldados.

El pueblo de Jáchal siguió manteniendo milicianos de guardia apostados en los pasos cordilleranos de la zona para vigilar cualquier movimiento de realistas durante más de un año, lo que significó importante erogación económica a los ya debilitados recursos de nuestro pueblo.

NOTA: Juan Manuel Cabot queda viviendo en Chile por algunos años. Por mucho tiempo, se creyó que murió en aquel país. El Dr. Miguel Ángel Lucciardi, presidente de la Asociación Cultural Sanmartiniana de San Juan, publicó en mayo de 2022 una documentación en la que confirma, tras prolongada investigación —que incluye la participación de miembros del Instituto Nacional Sanmartiniano— que los restos de Juan Manuel Cabot se encuentran en la Iglesia San Miguel Arcángel de la ciudad de Buenos Aires. Existe allí toda la documentación del hecho en los antiguos libros de esa parroquia: “Juan Manuel Cabot natural de Tucumán y de 53 años de edad, es sepultado en esta Iglesia el día 4 de noviembre de 1837”.

Cabot guardó con él la Bandera de los Andes de la columna de San Juan. Años después, una hija de él, entrega esa bandera al Dr. Bartolomé Mitre que se encontraba en Chile. Dicha bandera es traída a Buenos Aires y años después llevada a San Juan, donde se encuentra actualmente.

Dr. Elio Balderramo Córdoba, marzo de 2026.

Bibliografía: La vuelta del guerrero Dr. Sasso; Archivo Histórico Administrativo de San Juan; Profesor Rocier Bravo; Profesor Augusto Landa; Profesor Roberto A. Ferrero; Dr. Miguel A. Lucciardi.